¿Cabeza o corazón?

Cierro los ojos y hago memoria. ¿Cuántas cosas dejé de hacer porque “no era lo correcto? ¿Qué he dejado de intentar porque la razón ganaba al corazón?

A veces las ganas no pueden con todo, no pueden con nada o directamente si pueden en algún momento les clavamos el cuchillo para que dejen de respirar.

De todo eso ¿cuánto fue acertado? Quiero decir, cuántas de esas decisiones fueron sanas y lo que realmente debía hacer para ser feliz.

En el amor, en la amistad o en las pasiones tenemos una guerra interna continua cuando la inseguridad se apodera de nosotros. A mí me ha faltado valor para intentarlo con el corazón en la mano y cordura para actuar con sensatez. Pero qué queréis que os diga, en este pulso involuntario o te decides cuando estás en la cresta de la montaña rusa o tardas demasiado y solo duele.

Corazón cabeza, cabeza corazón, que indecisión para aquellos que no piensan con nada, que se dejan llevar y en sus planes no está el elegir.

Personalmente prefiero escoger con eso que tenemos en el pecho, que aunque a veces sea de hielo, de acero o arda al verte, es como los niños y los borrachos: siempre dicen la verdad.

Tenemos miedo a flotar entre emociones, le damos el relevo a la mente y que ella apunte y dispare, que mate por ti las mariposas y después “ya se verá”.

Tenemos miedo a fracasar en el amor, en la vida, en el trabajo, a que nos rompan en más de cuatro trozos, tenemos miedo a tener miedo, a no saber repararnos… a que nadie nos repare porque damos por hecho, y sin razón, que sufriremos y que no seremos capaces de curarnos.

Si a eso le sumas un duelo de titanes en tu interior… quien saque bandera blanca no siempre será el correcto pero sí el más fuerte.

Corazón cabeza, cabeza corazón, no entiendo por qué tantos muros entre medias en lugar de firmar la paz, que tengo una guerra nuclear metida en el cuerpo y nadie me da la respuesta para salir de aquí.

Qué indecisión y por eso dejé de obligarme a decidir cuando se presentan las preguntas en mi vida.

Dejarse llevar no es fácil pero al final solo tú sabes lo que realmente te hace feliz. ¿Que te lanzas? hazlo ¿que te paras? hazlo. No hay mejores ni peores, hay realidades.

Ojalá la vida fuera tirar los dados y obedecer hasta la casilla que marce, sin reproches… pero luego pienso y digo, qué tonterías, qué aburrido sería eso de nunca arrepentirse.

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